Ilustración

Cuenta una vieja leyenda romana, de un joven llamado Fortunato, quien poseía una bolsa
mágica que contenía una moneda de oro, la cual se renovaba milagrosamente cada vez
que la sacaba y la gastaba, porque la moneda tenía la virtud de volver siempre a la bolsa.
La Santa Biblia es similar, pues al abrir sus páginas nos enriquecemos con sus
enseñanzas. Luego la cerramos y cuando volvemos a abrirla encontramos las mismas
riquezas. La Biblia siempre tiene tesoros incalculables de consejo y orientación.

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